La Orden de los Siervos de Santa Maria es un modo particular de vivir la única vocación cristiana; esta conciencia preside e inspira todo proceso formativo.


     

La vocación cristiana es una llamada a ser conformes a Cristo en el pensar, en el sentir, en el actuar y en el morir-resucitar.

La vocación cristiana es una llamada a ser imagen de la Trinidad en las relaciones interpersonales, inter-eclesiales e internacionales: unidos y distintos en un amor hecho de reciprocidad y de radical disponibilidad en la libertad y en la responsabilidad. La "forma apostólica" de la iglesia madre de Jerusalén es el "tipo" originario.

La vocación cristiana es una llamada a la espera: espera de la realización de las promesas de unos "cielos nuevos y una tierra nueva, en los cuales habrá siempre justicia", ya realizada en el Señor transfigurado; en el tiempo de la historia, el cristiano se entrega a sí mismo y su misma espera a la acogida de la fe, a la oración de la esperanza y a la santidad de vida en la caridad.

La vocación cristiana es una llamada para la historia, no hay espacio para el "eclesiocentrismo". La iglesia es de Dios para la humanidad, es porción de humanidad que narra a la humanidad, con toda mansedumbre, dulzura y humildad, lo que por pura gracia ha sucedido.

La vocación cristiana es una llamada a la ascesis en la alegría (cf. Mt 6, 16-18), ascesis no en el sentido del esfuerzo auto-redentor - sería un protagonismo que corta de raíz el Evangelio de la gracia - sino como respuesta a alto precio al don de Dios.

Esta vocación cristiana es común a todo discípulo del Señor y a toda forma de vida en el cristianismo, incluida la "vida religiosa" vivida como simple bautizado entre los bautizados.

A esta vocación, "conformes a Cristo", "koinonía", y "adviento", los Siervos son llamados como todos por la única Trinidad: por el inefable Dios por medio de la palabra del Hijo y el soplo del Espíritu. Como una añadidura característica: a través de la Virgen María.

La Vocación de los Siervos de Santa Maria se inserta y forma parte de un fenómeno antropológico y universal que es el monaquismo; sin embargo, esta inserción en este cause va esclarecida y comprendida solo en la "vida religiosa" de la Iglesia Católica romana.

   
   
Santa Maria: presencia inspiradora en la formación del Siervo de María.
A Ella miran los Siervos, como en un espejo, para aprender de ella lo esencial de la experiencia evangélica y el servicio: Mujer de la escucha, Mujer humilde. Mujer del dolor, Mujer del Magníficat, Mujer ecuménica, Mujer de la espera, Mujer índice de Cristo, nuestro Camino y Mujer del Espíritu.

   
PRENOVICIADO

NOVICIADO

PROFESADO

FORMACIÓN PERMANENTE