Siervos de Maria

Oración

EDITORIAL
Desintoxicación del mundo.
El mundo se encuentra intoxicado. Corremos y corremos para que la intoxicación no nos alcance, pero no nos damos cuenta que corro y esa intoxicación envenena el alma.
Hay intoxicaciones que son de afuera: ¿cuánto miedo da por aquella muerte física que produce una intoxicación que se le llama virus o pandemia? Cuerpos agotados sin fuerza, pero hijos del corazón de Jesús corriendo al servicio total; esa intoxicación de sangre, arterias y huesos produce miedo, desolación y angustia.
Es tan grande la intoxicación que no queremos ver las calles desalojadas en una soberbia total que enmudece, empalidece, ensordece y llena de dolor.
Esa intoxicación del cuerpo que no quiere encontrar un límite llega a desfigurar al mundo. No nos detenemos por un instante a pensar: ¿cuál es la intoxicación que tengo dentro? Que gran oportunidad en una cuarentena donde estamos encerrados en casa, para abrir el corazón y descubrir aquella intoxicación que tenemos y que envenena todo.
Es necesario detenernos por un instante y mirar aquello que hace doler el alma con la grandeza de Dios Padre, la grandeza de su Hijo nuestro amado Jesucristo y el Espíritu Santo en una constante oración. Cuanto pudiera desintoxicar una constante contemplación activa.
Sabemos que hay una desintoxicación en cada uno de nosotros cuando empezamos en casa y en la familia a escuchar con amor y perdonar de verdad. Es aprender a mirar al hermano que lo siento intoxicado, nos detenemos, lo miramos y lo abrazamos. Hay que ayudar a desintoxicar con ejemplo de vida, con un testimonio real porque no podemos ser indiferentes.

Necesitamos orar y orar ¡HOY y YA! Necesitamos de la presencia de Dios Padre en nuestro corazón y en nuestro caminar. Pidamos todos juntos en un solo cuerpo corazón y espíritu a Dios que todo lo puede, que termine con la intoxicación física del mundo y así mismo que nos levante en misericordia, nos desintoxique el alma y acabe con la intoxicación que no nos deja respirar.
Este regalo nos lleva a la plenitud y la plenitud es iglesia en el hogar. Una iglesia que empieza a crecer. Que oportunidad tan grande tenemos en nuestros problemas porque a través de ellos con la presencia de Dios Trino de amor dentro de nosotros, oración y con nuestra Madre del Cielo emprendemos el camino al crecimiento en el amor, el perdón y la misericordia.